Hola a todos!!! si es que hay alguien ahí....
Siento no poder haber publicado nada más pero todavía estoy haciendo modificaciones en el blog.
Espero poder mañana publicar algo nuevo.
Gracias a los que visitais este blog, aunque me gustaría que alguno dejase algún comentario.
Muchas gracias a todos!!
miércoles, 23 de septiembre de 2009
viernes, 18 de septiembre de 2009
Hola!! Bienvenidos a mi blog!!!
En él encontraréis diferentes historias que he ido escribiendo y algunas nuevas que acabo de empezar.
A continuación os dejo una que escribí hace bastante.
Espero vuestros comentarios,
Saludos.
En él encontraréis diferentes historias que he ido escribiendo y algunas nuevas que acabo de empezar.
A continuación os dejo una que escribí hace bastante.
Espero vuestros comentarios,
Saludos.
UNA CHICA DISTINTA
Se sentía extraña, algo dentro de ella la indicaba que algo iba a ocurrir aquella noche. Algo que nunca antes habia sentido se apoderaba entonces de ella. Pero le gustada esa sensación. Cristina era chica distinta a las demás. Todo en ello era distinto. Cris, que así la llamaban todos, era especial y ella era consciente de ello. Sabía que ella era así por algún motivo extraño y eso la hacía sentirse única. Pero, también sabia que tendría que pagar un precio alto por ello. Aunque ni siquiera se preocupaba, simplemente esperaría pacientemente hasta que llegase ese momento. Mientras tanto, disfrutaría de lo que le había sido adjudicado; su belleza. Era terriblemente bella, poseía unos rasgos perfectos llenos de personalidad. Sus labios eran sensuales con un grosor perfecto. Su pelo largo, liso y moreno con un brillo extraordinario que contrastaba con su piel blanca como la nieve. y sus ojos azules, tenían un brillo especial, poseían un misterio indeterminado, el mismo poder para embrujar que tenía la luna. Y sin querer, seducía a todo chico que se cruzase con ella, simplemente con una mirada. Y podría aprovecharse, pero no quería, había conocido muchos chicos, a cada cual mejor pero… a ella no terminaban de llenarla; y por eso seguía sola.
Era un ave nocturna. Deambulaba por las calles siempre sola, segura de sí misma. Por toda clase de calles, muchas de ellas peligrosas, pero ella no tenía miedo; notaba la presencia de algo que la protegía y sabía que no la iba a ocurrir nada. Por eso no conocía ni tan siquiera el sentimiento del miedo; jamás lo había conocido. Ni siquiera la muerte la asustaba y por este motivo todos los que la conocían la respetaban porque sabían eso.
Y como todas las noches, aquella salió de su casa, con el presentimiento de que algo iba a suceder. Aquella noche tendría que rendir cuentas con la naturaleza y pagarle lo que le debía. Había llegado el momento decisivo y dentro de ella algo no paraba de dar vueltas, ese sentimiento tan extraño que tanto le gustaba sin embargo. Y mientras pensaba en todo esto, intentando descifrar el significado de ese sentimiento, caminó y caminó por las calles desiertas. Una niebla espesa cubría el barrio y en el firmamento resplandecía la luna llena. Y entonces, de un callejón salió un apuesto chico, alto, fuerte, moreno de piel y pelo, con unos rasgos perfectos, al igual que ella. Y unos ojos negros, pero penetrantes, misteriosos. Sus miradas se encontraron y en seguida, Cris supo que ambos habían estado juntos. Y sin desviar un momento su mirada de ella, él se paró delante de ella y la dijo:
- Vamos, nos espera una larga noche – y diciendo estas palabras, la cogió de la mano y comenzó a andar hacia algún lugar. Cris, sorprendida abrió la boca para intentar decirle que qué hacía. Pero él se adelantó – No digas nada. Acabarás por comprenderlo. Deja que ocurra lo que tiene que ocurrir. ¿dónde has estado todo este tiempo? Te he estado buscando.
Y siguieron caminando, y las calles cada vez eran más tenebrosas. Entonces, él se paró bruscamente. Se escondió entre las sombras, apoyado en la pared, cobijándose en la oscuridad, y haciendo que ella hiciese lo mismo. Alguien se acercaba por el callejón. Un hombre que venía fumando una pipa, que seguramente debía de tener unos treinta y cuatro años por sus pasos ágiles y rápidos. Cris no comprendía lo que hacían. Y justo cuando el joven dobló la esquila, él misterioso chico se tiró sobre él, sobre su cuello y comenzó a succionarle la sangre, como un perro hambriento. Cris estupefacta, sintió por primera vez miedo, un miedo terrible, quería irse, salir corriendo, pero no podía moverse, sus músculos no reaccionaban a causa del miedo. Entonces él la miró, los ojos de él se clavaron sobre los de ella, la llegaron hasta el corazón y supo que él sabía lo que sentía. De los dientes de él resbaló una gota de sangre hacia su barbilla y sujetando contra la pared a la víctima, la invitó a ella. Cris estaba horrorizada y se preguntaba para sí cómo puede pretender que haga algo así.
- Vamos, deja de perder el tiempo refugiándote en una sensación tan patética, su corazón dejará pronto de latir. No intentes cobijarte en el miedo, ni siquiera sabes lo que es. Vamos! La noche se acaba. – concluyó él. Y de nuevo volvió a mirarla de aquella forma. Cris intentaba desviar su mirada, pero no podía. Y sin saber cómo… practicó un nuevo mordisco en el cuello del joven. Un mordisco preciso y limpio. Y comenzó a succionar la sangre de aquel tipo, que poco a poco comenzó a fluir por el cuerpo de Cris. Pudo entonces oir como el corazón del él comenzaba a pararse y el de ella latía más y más fuerte. Entonces, él la separó bruscamente del cuerpo del joven que cayó desplomado sobre el suelo. Cris limpió los restos de sangre de su boca con un dedo y después se lo chupó. No podía creer lo que había hecho.
- ¿Estás loca? ¿qué quieres? ¿morir? ¿Acaso se te había olvidado? – le dijo él.
- No volverá a ocurrir. – dijo Cris segura de sí misma.
Comprendió por fin que ese había sido su precio. Vender su alma a las tinieblas. Supo que había nacido para convertirse en aquello. Desde entonces sería un animal de la noche, junto a Byron que así se llamaba él.
El amanecer comenzaba a florecer y sin perder más tiempo, ambos se dirigieron hacia su guarida, dispuestos a dormir hasta la noche siguiente.
Fin
Se sentía extraña, algo dentro de ella la indicaba que algo iba a ocurrir aquella noche. Algo que nunca antes habia sentido se apoderaba entonces de ella. Pero le gustada esa sensación. Cristina era chica distinta a las demás. Todo en ello era distinto. Cris, que así la llamaban todos, era especial y ella era consciente de ello. Sabía que ella era así por algún motivo extraño y eso la hacía sentirse única. Pero, también sabia que tendría que pagar un precio alto por ello. Aunque ni siquiera se preocupaba, simplemente esperaría pacientemente hasta que llegase ese momento. Mientras tanto, disfrutaría de lo que le había sido adjudicado; su belleza. Era terriblemente bella, poseía unos rasgos perfectos llenos de personalidad. Sus labios eran sensuales con un grosor perfecto. Su pelo largo, liso y moreno con un brillo extraordinario que contrastaba con su piel blanca como la nieve. y sus ojos azules, tenían un brillo especial, poseían un misterio indeterminado, el mismo poder para embrujar que tenía la luna. Y sin querer, seducía a todo chico que se cruzase con ella, simplemente con una mirada. Y podría aprovecharse, pero no quería, había conocido muchos chicos, a cada cual mejor pero… a ella no terminaban de llenarla; y por eso seguía sola.
Era un ave nocturna. Deambulaba por las calles siempre sola, segura de sí misma. Por toda clase de calles, muchas de ellas peligrosas, pero ella no tenía miedo; notaba la presencia de algo que la protegía y sabía que no la iba a ocurrir nada. Por eso no conocía ni tan siquiera el sentimiento del miedo; jamás lo había conocido. Ni siquiera la muerte la asustaba y por este motivo todos los que la conocían la respetaban porque sabían eso.
Y como todas las noches, aquella salió de su casa, con el presentimiento de que algo iba a suceder. Aquella noche tendría que rendir cuentas con la naturaleza y pagarle lo que le debía. Había llegado el momento decisivo y dentro de ella algo no paraba de dar vueltas, ese sentimiento tan extraño que tanto le gustaba sin embargo. Y mientras pensaba en todo esto, intentando descifrar el significado de ese sentimiento, caminó y caminó por las calles desiertas. Una niebla espesa cubría el barrio y en el firmamento resplandecía la luna llena. Y entonces, de un callejón salió un apuesto chico, alto, fuerte, moreno de piel y pelo, con unos rasgos perfectos, al igual que ella. Y unos ojos negros, pero penetrantes, misteriosos. Sus miradas se encontraron y en seguida, Cris supo que ambos habían estado juntos. Y sin desviar un momento su mirada de ella, él se paró delante de ella y la dijo:
- Vamos, nos espera una larga noche – y diciendo estas palabras, la cogió de la mano y comenzó a andar hacia algún lugar. Cris, sorprendida abrió la boca para intentar decirle que qué hacía. Pero él se adelantó – No digas nada. Acabarás por comprenderlo. Deja que ocurra lo que tiene que ocurrir. ¿dónde has estado todo este tiempo? Te he estado buscando.
Y siguieron caminando, y las calles cada vez eran más tenebrosas. Entonces, él se paró bruscamente. Se escondió entre las sombras, apoyado en la pared, cobijándose en la oscuridad, y haciendo que ella hiciese lo mismo. Alguien se acercaba por el callejón. Un hombre que venía fumando una pipa, que seguramente debía de tener unos treinta y cuatro años por sus pasos ágiles y rápidos. Cris no comprendía lo que hacían. Y justo cuando el joven dobló la esquila, él misterioso chico se tiró sobre él, sobre su cuello y comenzó a succionarle la sangre, como un perro hambriento. Cris estupefacta, sintió por primera vez miedo, un miedo terrible, quería irse, salir corriendo, pero no podía moverse, sus músculos no reaccionaban a causa del miedo. Entonces él la miró, los ojos de él se clavaron sobre los de ella, la llegaron hasta el corazón y supo que él sabía lo que sentía. De los dientes de él resbaló una gota de sangre hacia su barbilla y sujetando contra la pared a la víctima, la invitó a ella. Cris estaba horrorizada y se preguntaba para sí cómo puede pretender que haga algo así.
- Vamos, deja de perder el tiempo refugiándote en una sensación tan patética, su corazón dejará pronto de latir. No intentes cobijarte en el miedo, ni siquiera sabes lo que es. Vamos! La noche se acaba. – concluyó él. Y de nuevo volvió a mirarla de aquella forma. Cris intentaba desviar su mirada, pero no podía. Y sin saber cómo… practicó un nuevo mordisco en el cuello del joven. Un mordisco preciso y limpio. Y comenzó a succionar la sangre de aquel tipo, que poco a poco comenzó a fluir por el cuerpo de Cris. Pudo entonces oir como el corazón del él comenzaba a pararse y el de ella latía más y más fuerte. Entonces, él la separó bruscamente del cuerpo del joven que cayó desplomado sobre el suelo. Cris limpió los restos de sangre de su boca con un dedo y después se lo chupó. No podía creer lo que había hecho.
- ¿Estás loca? ¿qué quieres? ¿morir? ¿Acaso se te había olvidado? – le dijo él.
- No volverá a ocurrir. – dijo Cris segura de sí misma.
Comprendió por fin que ese había sido su precio. Vender su alma a las tinieblas. Supo que había nacido para convertirse en aquello. Desde entonces sería un animal de la noche, junto a Byron que así se llamaba él.
El amanecer comenzaba a florecer y sin perder más tiempo, ambos se dirigieron hacia su guarida, dispuestos a dormir hasta la noche siguiente.
Fin
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